lunes, 15 de julio de 2013

Perfecta paz

Comienza sin ser en serio
Sinuoso límite de lo interminable
Tempestuoso clamor vacuo
Oblicuo
O bien desgarro informe
Inmaterial
Perpetrado grito fatídico de la desgracia a perpetuidad

Caos infrarrealista de tres estrellas-simientes
Doblando un sol
Nuestro Sol
O reduciéndolo a sus cuatro componentes
Sea su Sabor
Cuente su Calor
Cobre su Color importancia
Y duela su Dolor el equivalente asco

Se sacude el ánimo
Se esquiva la reflexión nula
No camina el murmullo
Se desparrama cual baba o enfisema chispeante
Humo de mariposas blancas habemus concilium

Amenazando lluvia por cuerpo tomar
Alcanzando amenazas
Y abrazando manazas
En veces serradas
En veces abiertas de par en par

Y no por creer se resucita
No por pagar se contribuye
No por escribir se crea
Ni por crear se construye

Nos aleja del polvo  nuestro este dique de asiduidades momentáneas
Nos barre inmemorial el recuerdo
De que aquí estuvimos
O que fuimos
O algo así

Nos une la mentira
El engaño aquel que no podemos
Hasta hoy
Dejar de contar
Y es límite inexistente el horizonte
Mera sugerencia para nuestras alas
Del sublime caos
De perfecta paz


viernes, 5 de julio de 2013

Un Imbécil, desde luego.

Estaba fastidiado. ¿Lo recuerdas? Es decir, justo en ese momento, no era lo de siempreCosas Nuevas venía siendo más bien lo de aquel momento. Y me era un fastidio. 

Mucho sueño, mucho cansancio… algo que venía de a mucho, y que aunque a pocos gustaba, a muchos se hacía insoportable. Era curioso. Justo eso era lo que solía responder al típico “¿Qué cuentas?” Era la evasiva de fórmula:
—Ehh… ya sabes; un poco de “lo de siempre” y un mucho de “cosas nuevas”

No me podrías culpar eso. Con pena, hay que admitirlo: hemos contestado y formulado esas basuras, aunque sea para iniciar charlas.
—¿Y qué más da? Funciona. Pero sabemos que admitir algo vergonzoso no es razón por la que va uno a una fiesta; por decirlo de un modo. En fin; no estaba a gusto. En la cara no hacía por disimularlo, ¿cierto?

Tal vez la incomodidad se debía a que estaba en un espacio demasiado reducido, confinado con gente que de regular agradaba… Pero quizá allí mismo, con todos ellos reunidos, no quedara suficiente lugar para el confort.
—Es una posibilidad.

No podrías entenderlo. No sin imaginar por un momento, que no te gusta la gente — cosa por demás difícil; pues adoras a la gente, y en medio de ella te sientes tú misma. ¡Te encanta ser gente!¿Qué buena gente, verdad? — tanto decirlo, ya casi convence. El punto es que, antisocial de pacotilla, no podía estar más desmejorado allí en medio.

Desmejorado y nada atento a lo que sucedía alrededor, cuestionaba cómo era que a los demás parecía encantarles el interminable bullicio. Una bulla incesante que venía sólo a agrandar la abulia.
Durmiendo antes de lo esperado… Según recuerdo, pues comenzaba ya a pensar que la noche sería interminable —entre confesiones pueriles, alegrías injustificadamente emotivas y fotos que buscaban mostrar fraternidad a escenas donde  no la había. — La cosa era para morirse. O caer en un tremendo sopor. Hasta ahora dudo si me quedé dormido o si ya estoy muerto…

Siendo ya de madrugada, en  cercanos momentos al amanecer, ya todo mundo dormía… Inevitable consecuencia del generalizado desvelo. No podemos culparme eso tampoco.
Seguramente dormidos tardísimo. Después de todo, para quienes gozan de los encuentros pachangueros dentro y fuera de carreteras; que la noche sea interminable no es un pesar, sino muy al contrario, ¡una delicia! En fin —mocoso absurdo…— ya estaba despierto al amanecer.

At first I was Afraid, I was petrified…

Sí, seguro que no podía hallar reposo fuera de cama.  La conciencia intranquila debía ser. En todo caso, era ridículo. Al menos, al ser bicho raro, ni imaginaba pintarrajear rostros, ó poner música que nos distrajera de la ya de por sí inspiradora Gloria Gaynor, —que nos traía a bastante elevado volumen, el chofer con su insufrible punchis punchis. Por cierto: “Holliday”, en voz de Madonna; “No eres para mí” de Fanny Lú, y “I will survive”, de Gaynor, sonaron como que repetidas veces. —Es decir, quién de nosotros iba a notarlo, con la fiesta de abordo, pero justo ahora parece que fueron varias las veces que nos amenizaron el silencio que tanto nos costaba soportar… claro, hasta antes que alguien pidiera música de banda, ¡hombre, faltaba más!

Pero eso no quiere decir nada, ¿cierto? Nada en particular del chofer, salvo quizás, que gusta de la música de la época Disco… ¿O acaso ciertas tendencias sobrepasaban del Disco? Imposible… ¡Imposible que fuera impensable!

Era un ambiente mezquino. Todo silencio…

…La que tu mamá quería pa’ que fuera tu mujer…

Casi todo. De hecho, el mismo sonido de la máquina, por lo bajo y lo monótono, resultaba arrullador. Se dormía aún apaciblemente. — Cosa que cambiaría en escasos minutos.

Una foto. Debido a una foto… Verás… el sol iniciaba su salida; pero la oscuridad era aún tal, que durante el enfoque, la cámara activó el flash. Y si sabes cómo actúa un flash en un espejo, te imaginarás cómo actuó el vidrio de la ventana. Un brillantísimo destello reflejado al interior del bus, que estaba oscuro por dentro.
—¡Oraa! ¡Aguas con ése flash! — señaló ni tardo ni perezoso el chofer, creo que molesto por haberle estropeado el coro. Una mueca me embargó.  La había regado.

“Ain’t a hollaback girl… ain’t a hollaback girl”

Lamentable. Alguien más despertó, y bueno... Si se recuerda lo dicho antes sobre pintar caras y música estruendosa… se podrá deducir esta parte.
“¡Trágame asiento!”


El sol revelaba la costa, el cielo naranja que atestiguaba la hora y un verdor extendido entre la carretera y la arena, no tan distante por momentos. Era prodigioso. —O pudo haberlo sido— Los ruidos de panecillos con el cariño de siempre, siendo desembolsados, los crujidos de botellas plásticas, y lo más temible: los estruendosamente deliciosos Charritos, no permitieron que lo fuera. No del todo.

Recordaba entonces en el título de un libro descubierto hacía poco “Música de la Lengua”; aunque el ruido comunitario, sea de lenguas o dientes trabajando, llegaba a ser algo más que ridículo. Algo que no sabía adjetivar, aunque con toda seguridad lo odiaba. Por lo menos tan desagradable como los documentales todo-informativos del discovery; tanta información da nauseas.

Bueno… despierto razonablemente antes que todos los demás, (razonable por dormir temprano; y no porque sea muy normal hacerlo) y en vez de adoptar conductas adolescentes… o humanas siquiera; dedicado a escudriñar el horizonte en busca de esa cosa fastidiosa que tanto gusto a veces da perderse, excepto cuando el alcohol no se nos ha agotado —pero sabemos que esas son otras historias y no es momento de echarnos de cabeza.

El amanecer, desde luego. Y es que sabemos que aferrarnos a las sábanas hasta que la situación sea insostenible, es nuestro ritual diario…

Dio el momento de que despertaran los pocos adultos de compañía. La cortesía hizo su fastidiosa aparición. El aire se llenó de “Bueno días” por doquier. Algunos displicentes, y otros deferentes… aunque como siempre, ninguno auténtico del todo. Siempre hemos encontrado inadaptados más o menos soportables, con quienes nos hemos visto parcialmente obligados a tratar. Hacemos lo correcto, por supuesto, tratarlos con una lejanía que no nos mete en su mundo, sin dejarlos desamparados del todo.

No es que no podamos enteramente soportarlos, odiarlos, o entenderlos. Tan solo no nos da la gana… No se trata del qué; simplemente es una reacción instintiva. No podemos sentirnos cómodos con ellos. No son de aquí. Ni de sitio alguno — ¡Dímelo a mí!

Fotografías. Eso hacía. Captaba imágenes de lo que fuera que pareciese posar delante del lente. Los demás también captaban imágenes. ¿Lo recuerdas? Aunque las fotos no tenían personas en ellas. Casi nunca. Y aunque posaba para algunas; era imposible adivinar una pizca de alegría.  Quizá lo peor de todo es que esas fotos no llegaron a estar en la web. Y aunque lo hubiese hecho, dudo acerca de a quién o quienes hubiese notificado de ello. No sé.


Cuando todo-mundo despertó, recuerdo que algunos comenzaron a preguntar dónde estábamos; para avisar religiosamente a los padres que no viajaban con nosotros... No nos decidían juguetonamente a quién enviar a hablar con el chofer.

Alguien se impacientó y se fue a hacerlo. Pero sin volver de inmediato.  Parecía que más que a informarse fue a socializar. O tal vez no tenía muy claro que la idea era llegar hasta allí, y regresar a contarlo…

Estaban ya a punto de gritarle como en juego; para alentarlo a volver, cuando oyeron mi susurro con rudeza,, indicándoles el nombre. El nombre del lugar, según comentó alguien más. —¡¡Ah!! — pronunciaron como si se tratara de un “EUREKA” que justo hubiese salvado sus cabezas. Obviamente; me pareció todo aquello deprimente y de mal gusto.

A decir verdad, creo que hablando de lugares cercanos y demás cosas, se entretuvieron de nuevo y dieron oficialmente el inicio al día, con las primeras fotos grupales y todas las cosas casi rituales de los viajes.

¿Por qué te recuerdo esto?

Bueno, yo pensé… que tal vez sería bueno pensar en cómo nos sentíamos antes al respecto. Cómo nos sentíamos Entonces.

…Todo cambió…

Como dice la odiosa canción de aquellos a quienes no nombraré… Y ¿por qué? Bien; nunca he entendido un carajo de esta materia en particular. Y parece que quienes lo hacen, son de todos modos incapaces de comprender cualquier otra cosa.  No los envidio… los evito en la medida de lo posible. Y está claro que no soy omnipotente.

¡Insisto! —O al menos quiero pensar que no. —  Pero sí, mi percepción cambió. Aunque el entorno era la misma bazofia desde que abandonamos la ciudad.

Me vinieron accesos de felicidad que creo no era capaz de soportar. Ahora sé con seguridad que cualquier clase de droga debe ser administrada con cuidado… para lograr el efecto más placentero. Entonces sólo caí. Me dejé llevar. Cultivé habichuelas mágicas en mi patio privado interior y alcancé parnasos que rascaban cielos y de cuando en cuando hundían castillos en el aire. No me importó. No me importaba.

Fui un tonto. Por innumerables motivos. Y claro, un ignorante de lo peor. Nunca antes jugué de aquel juego sin pasar de la banca, o al menos nunca antes estuve al bate. Y es muy graciosamente perverso que todos mencionen las bases, pero nunca la dirección en que se debe correr para alcanzarlas. Para ser honesto, te digo esto porque esperaba haberlo olvidado. Pero sigue aquello enclavado en mi memoria de una forma tan vívida, que aún si no fueras tú quien lee esto, bien podrías haberte buscado un lugar en la historia… quizás en alguno de los asientos desocupados… tal vez de copiloto al chofer. O ya en uno de los numerosos castillos que se desmoronan. —Tan sólo me lo imagino.

Puedes reprenderme por recordarlo; ¡pero quedaste ridícula si pretendías decirme nada, desde que has decidido leerme!  

Sé que no terminamos bien. No como tú o yo hubiésemos querido.  (al menos yo no hubiese querido muchas cosas, deberías saberlo)

Me creas o no, me alegra un poco tener esa figura femenina a quién culpar… Y ciertamente la cargo de aquellas culpas que no me dejarían la consciencia tranquila. Resulta pues, útil. No me agrada, no obstante.

La gente normal no duda tanto de sus afirmaciones— Supongo.

¿Y a qué viene tanta memoria de días “mejores” que ahora nos entristecen? He tenido que hacerlo. Siento que desde que no nos hemos visto me he convertido en lo que yo pensaba que era una cosa extraña. No podría decir si me he vuelto como Lalo, o como alguno de esos que tuve la bondad de ignorar para no insultar… ( y justo ahora me pregunto cómo le gustaría que le llamaran. Sólo me parece recordar que cuando le decían así mostraba una mueca que casi llegaba a ser dolorosa. Pero nos gustaba entonces, decirle así y verle la cara) pero sin duda no soy como me conocías. Y me empiezo a preguntar quién he sido realmente todo este tiempo. Dirías que he sido Yo, desde luego; pero me refiero a ¿cómo soy de verdad? Soy como cuando entonces, o como ahora… Me atormenta pensarlo.

Definitivamente no tener cosas en la cabeza es muy dulce.  ¿Qué será más delicioso que ser tremendamente estúpido? No lo sé; me cuesta demasiado el simple hecho de intentar serlo. Y creo que muy en el fondo no quiero querer eso.

No creo que esto sea solo una etapa ¿sabes? Para mí las etapas son algo que probablemente no extienda más allá que las estaciones (unos 3 meses) y si algo se extiende (como mi situación, que ya lleva casi un año) lo que sucede, pasa a ser permanente de algún modo.

Una vez más. —Qué terco demuestro ser, ¿no?

¿Por qué te digo esto?

Te cuento esto porque pese a lo misántropo que me he vuelto en este tiempo, no puedo evitar sentir que siento cosas por ti. No puedo pretender que no lo hago. Pretender es horrible. Fingir que se siente o que no se siente ha de ser lo que se llama infierno.

¿Recuerdas que recordábamos a Lalo? Ya no sé quién es el incómodo en medio de toda la gente. Yo tan sólo estoy deshecho en soledad.

Te cuento esto porque sé que quizá nunca lo lea nadie. Te cuento esto porque no tengo el valor ni para quemar estas hojas y tragarme mis pensamientos. Te cuento porque cantar no es lo mío. Te susurro por que me aterra mi propia voz. Como ya te he comentado, no soy ningún estúpido. Aún no estoy acabado, y eso lo sabes. Yo no podría más que afirmarlo; creerlo, por otro lado, depende de tí.

¿Que si te amo? No puedo dar una resolución a eso ¡Deberías conocerme mejor! Aunque te puedo recomendar una canción, que si sabes inglés, tal vez te ilustre:

Every day I love you less and less…
(Kaiser Chiefs rocks, baby!)

Si todas mis explicaciones no han sido suficientes, basta con que sepas lo que soy ahora...

Un imbécil, desde luego.