Estaba fastidiado. ¿Lo recuerdas? Es decir,
justo en ese momento, no era lo de siempre. Cosas Nuevas venía siendo más
bien lo de aquel momento. Y me era un fastidio.
Mucho sueño, mucho cansancio…
algo que venía de a mucho, y que aunque a pocos gustaba, a muchos se hacía
insoportable. Era curioso. Justo eso era lo que solía responder al típico
“¿Qué cuentas?” Era la evasiva de fórmula:
—Ehh… ya sabes; un poco de “lo de siempre” y
un mucho de “cosas nuevas”
No me podrías culpar eso. Con pena, hay que
admitirlo: hemos contestado y formulado esas basuras, aunque sea para iniciar
charlas.
—¿Y qué más da? Funciona. Pero sabemos que
admitir algo vergonzoso no es razón por la que va uno a una fiesta; por decirlo
de un modo. En fin; no estaba a gusto. En la cara no hacía por disimularlo, ¿cierto?
Tal vez la incomodidad se debía a que estaba
en un espacio demasiado reducido, confinado con gente que de regular agradaba…
Pero quizá allí mismo, con todos ellos reunidos, no quedara suficiente lugar para
el confort.
—Es una posibilidad.
No podrías entenderlo. No sin imaginar por un
momento, que no te gusta la gente — cosa por demás difícil; pues adoras a la
gente, y en medio de ella te sientes tú misma. ¡Te encanta ser gente!¿Qué buena
gente, verdad? — tanto decirlo, ya casi convence. El punto es que, antisocial de pacotilla, no
podía estar más desmejorado allí en medio.
Desmejorado y nada atento a lo que sucedía
alrededor, cuestionaba cómo era que a los demás parecía encantarles el
interminable bullicio. Una bulla incesante que venía sólo a agrandar la abulia.
Durmiendo antes de lo esperado… Según recuerdo,
pues comenzaba ya a pensar que la noche sería interminable —entre confesiones
pueriles, alegrías injustificadamente emotivas y fotos que buscaban mostrar
fraternidad a escenas donde no la había.
— La cosa era para morirse. O caer en un tremendo sopor. Hasta ahora dudo si me
quedé dormido o si ya estoy muerto…
Siendo ya de madrugada, en cercanos momentos al amanecer, ya todo mundo
dormía… Inevitable consecuencia del generalizado desvelo. No podemos culparme
eso tampoco.
Seguramente dormidos tardísimo. Después de
todo, para quienes gozan de los encuentros pachangueros dentro y fuera de
carreteras; que la noche sea interminable no es un pesar, sino muy al
contrario, ¡una delicia! En fin —mocoso absurdo…— ya estaba despierto al
amanecer.
At first I was Afraid, I was petrified…
Sí, seguro que no podía hallar reposo fuera de
cama. La conciencia intranquila debía
ser. En todo caso, era ridículo. Al menos, al ser bicho raro, ni imaginaba
pintarrajear rostros, ó poner música que nos distrajera de la ya de por sí
inspiradora Gloria Gaynor, —que nos traía a bastante elevado volumen, el chofer
con su insufrible punchis punchis. Por cierto: “Holliday”, en voz de Madonna; “No
eres para mí” de Fanny Lú, y “I will survive”, de Gaynor, sonaron como que
repetidas veces. —Es decir, quién de nosotros iba a notarlo, con la fiesta de
abordo, pero justo ahora parece que fueron varias las veces que nos amenizaron el
silencio que tanto nos costaba soportar… claro, hasta antes que alguien pidiera
música de banda, ¡hombre, faltaba más!
Pero eso no quiere decir nada, ¿cierto? Nada
en particular del chofer, salvo quizás, que gusta de la música de la época
Disco… ¿O acaso ciertas tendencias sobrepasaban del Disco? Imposible… ¡Imposible
que fuera impensable!
Era un ambiente mezquino. Todo silencio…
…La que
tu mamá quería pa’ que fuera tu mujer…
Casi todo. De hecho, el mismo sonido de la
máquina, por lo bajo y lo monótono, resultaba arrullador. Se dormía aún
apaciblemente. — Cosa que cambiaría en escasos minutos.
Una foto. Debido a una foto… Verás… el sol
iniciaba su salida; pero la oscuridad era aún tal, que durante el enfoque, la
cámara activó el flash. Y si sabes cómo actúa un flash en un espejo, te
imaginarás cómo actuó el vidrio de la ventana. Un brillantísimo destello
reflejado al interior del bus, que estaba oscuro por dentro.
—¡Oraa! ¡Aguas con ése flash! — señaló ni
tardo ni perezoso el chofer, creo que molesto por haberle estropeado el coro.
Una mueca me embargó. La había regado.
“Ain’t a hollaback girl… ain’t a hollaback
girl”
Lamentable. Alguien más despertó, y bueno...
Si se recuerda lo dicho antes sobre pintar caras y música estruendosa… se podrá
deducir esta parte.
“¡Trágame
asiento!”
El sol revelaba la costa, el cielo naranja que
atestiguaba la hora y un verdor extendido entre la carretera y la arena, no tan
distante por momentos. Era prodigioso. —O pudo haberlo sido— Los ruidos de panecillos
con el cariño de siempre, siendo desembolsados, los crujidos de botellas
plásticas, y lo más temible: los estruendosamente deliciosos Charritos, no
permitieron que lo fuera. No del todo.
Recordaba entonces en el título de un libro
descubierto hacía poco “Música de la
Lengua”; aunque el ruido comunitario, sea de lenguas o
dientes trabajando, llegaba a ser algo más que ridículo. Algo que no sabía
adjetivar, aunque con toda seguridad lo odiaba. Por lo menos tan desagradable
como los documentales todo-informativos del discovery; tanta información da
nauseas.
Bueno… despierto razonablemente antes que todos
los demás, (razonable por dormir temprano; y no porque sea muy normal hacerlo)
y en vez de adoptar conductas adolescentes… o humanas siquiera; dedicado a
escudriñar el horizonte en busca de esa cosa fastidiosa que tanto gusto a veces
da perderse, excepto cuando el alcohol no se nos ha agotado —pero sabemos que
esas son otras historias y no es momento de echarnos de cabeza.
El amanecer, desde luego. Y es que sabemos que
aferrarnos a las sábanas hasta que la situación sea insostenible, es nuestro
ritual diario…
Dio el momento de que despertaran los pocos
adultos de compañía. La cortesía hizo su fastidiosa aparición. El aire se llenó
de “Bueno días” por doquier. Algunos displicentes, y otros deferentes… aunque
como siempre, ninguno auténtico del todo. Siempre hemos encontrado inadaptados
más o menos soportables, con quienes nos hemos visto parcialmente obligados a
tratar. Hacemos lo correcto, por supuesto, tratarlos con una lejanía que no nos
mete en su mundo, sin dejarlos desamparados del todo.
No es que no podamos enteramente soportarlos,
odiarlos, o entenderlos. Tan solo no nos da la gana… No se trata del qué;
simplemente es una reacción instintiva. No podemos sentirnos cómodos con ellos.
No son de aquí. Ni de sitio alguno — ¡Dímelo a mí!
Fotografías. Eso hacía. Captaba imágenes de lo
que fuera que pareciese posar delante del lente. Los demás también captaban imágenes.
¿Lo recuerdas? Aunque las fotos no tenían personas en ellas. Casi nunca. Y
aunque posaba para algunas; era imposible adivinar una pizca de alegría. Quizá lo peor de todo es que esas fotos no
llegaron a estar en la web. Y aunque lo hubiese hecho, dudo acerca de a quién o
quienes hubiese notificado de ello. No sé.
…
Cuando todo-mundo despertó, recuerdo que
algunos comenzaron a preguntar dónde estábamos; para avisar religiosamente a
los padres que no viajaban con nosotros... No nos decidían juguetonamente a quién
enviar a hablar con el chofer.
Alguien se impacientó y se fue a hacerlo. Pero
sin volver de inmediato. Parecía que más
que a informarse fue a socializar. O tal vez no tenía muy claro que la idea era
llegar hasta allí, y regresar a contarlo…
Estaban ya a punto de gritarle como en juego;
para alentarlo a volver, cuando oyeron mi susurro con rudeza,, indicándoles el nombre.
El nombre del lugar, según comentó alguien más. —¡¡Ah!! — pronunciaron como si
se tratara de un “EUREKA” que justo hubiese salvado sus cabezas. Obviamente; me
pareció todo aquello deprimente y de mal gusto.
A decir verdad, creo que hablando de lugares
cercanos y demás cosas, se entretuvieron de nuevo y dieron oficialmente el
inicio al día, con las primeras fotos grupales y todas las cosas casi rituales
de los viajes.
¿Por qué te recuerdo esto?
Bueno, yo pensé… que tal vez sería bueno
pensar en cómo nos sentíamos antes al respecto. Cómo nos sentíamos Entonces.
…Todo
cambió…
Como dice la odiosa canción de aquellos a
quienes no nombraré… Y ¿por qué? Bien; nunca he entendido un carajo de esta
materia en particular. Y parece que quienes lo hacen, son de todos modos
incapaces de comprender cualquier otra cosa. No los envidio… los evito en la medida de lo
posible. Y está claro que no soy omnipotente.
¡Insisto! —O al menos quiero pensar que no. — Pero sí, mi percepción cambió. Aunque el
entorno era la misma bazofia desde que abandonamos la ciudad.
Me vinieron accesos de felicidad que creo no
era capaz de soportar. Ahora sé con seguridad que cualquier clase de droga debe
ser administrada con cuidado… para lograr el efecto más placentero. Entonces
sólo caí. Me dejé llevar. Cultivé habichuelas mágicas en mi patio privado
interior y alcancé parnasos que rascaban cielos y de cuando en cuando hundían
castillos en el aire. No me importó. No me importaba.
Fui un tonto. Por innumerables motivos. Y
claro, un ignorante de lo peor. Nunca antes jugué de aquel juego sin pasar de
la banca, o al menos nunca antes estuve al bate. Y es muy graciosamente
perverso que todos mencionen las bases, pero nunca la dirección en que se debe
correr para alcanzarlas. Para ser honesto, te digo esto porque esperaba haberlo
olvidado. Pero sigue aquello enclavado en mi memoria de una forma tan vívida,
que aún si no fueras tú quien lee esto, bien podrías haberte buscado un lugar
en la historia… quizás en alguno de los asientos desocupados… tal vez de
copiloto al chofer. O ya en uno de los numerosos castillos que se desmoronan. —Tan
sólo me lo imagino.
Puedes reprenderme por recordarlo; ¡pero
quedaste ridícula si pretendías decirme nada, desde que has decidido leerme!
Sé que no terminamos bien. No como tú o yo
hubiésemos querido. (al menos yo no
hubiese querido muchas cosas, deberías saberlo)
Me creas o no, me alegra un poco tener esa
figura femenina a quién culpar… Y ciertamente la cargo de aquellas culpas que
no me dejarían la consciencia tranquila. Resulta pues, útil. No me agrada, no
obstante.
La gente normal no duda tanto de sus afirmaciones—
Supongo.
¿Y a qué viene tanta memoria de días “mejores”
que ahora nos entristecen? He tenido que hacerlo. Siento que desde que no nos
hemos visto me he convertido en lo que yo pensaba que era una cosa extraña. No
podría decir si me he vuelto como Lalo, o como alguno de esos que tuve la
bondad de ignorar para no insultar… ( y justo ahora me pregunto cómo le
gustaría que le llamaran. Sólo me parece recordar que cuando le decían así
mostraba una mueca que casi llegaba a ser dolorosa. Pero nos gustaba entonces,
decirle así y verle la cara) pero sin duda no soy como me conocías. Y me
empiezo a preguntar quién he sido realmente todo este tiempo. Dirías que he
sido Yo, desde luego; pero me refiero a ¿cómo soy de verdad? Soy como cuando
entonces, o como ahora… Me atormenta pensarlo.
Definitivamente no tener cosas en la cabeza es
muy dulce. ¿Qué será más delicioso que
ser tremendamente estúpido? No lo sé; me cuesta demasiado el simple hecho de
intentar serlo. Y creo que muy en el fondo no quiero querer eso.
No creo que esto sea solo una etapa ¿sabes?
Para mí las etapas son algo que probablemente no extienda más allá que las
estaciones (unos 3 meses) y si algo se extiende (como mi situación, que ya
lleva casi un año) lo que sucede, pasa a ser permanente de algún modo.
Una vez más. —Qué terco demuestro ser, ¿no?
¿Por qué te digo esto?
Te cuento esto porque pese a lo misántropo que
me he vuelto en este tiempo, no puedo evitar sentir que siento cosas por ti. No
puedo pretender que no lo hago. Pretender es horrible. Fingir que se siente o
que no se siente ha de ser lo que se llama infierno.
¿Recuerdas que recordábamos a Lalo? Ya no sé
quién es el incómodo en medio de toda la gente. Yo tan sólo estoy deshecho en
soledad.
Te cuento esto porque sé que quizá nunca lo
lea nadie. Te cuento esto porque no tengo el valor ni para quemar estas hojas y
tragarme mis pensamientos. Te cuento porque cantar no es lo mío. Te susurro por
que me aterra mi propia voz. Como ya te he comentado, no soy ningún estúpido.
Aún no estoy acabado, y eso lo sabes. Yo no podría más que afirmarlo; creerlo, por otro lado, depende de tí.
¿Que si te amo? No puedo dar una resolución a
eso ¡Deberías conocerme mejor! Aunque te puedo recomendar una canción, que si
sabes inglés, tal vez te ilustre:
Every day I love you less and less…
(Kaiser Chiefs rocks, baby!)
Si todas mis explicaciones no han sido suficientes,
basta con que sepas lo que soy ahora...
Un imbécil, desde luego.